domingo, 27 de noviembre de 2022

 

EL NIÑO FIDENCIO: ¿SANTO O MITO?

Cada 17 de octubre, cientos de peregrinos de todas partes del país, incluso de países aledaños como Estados Unidos, se reúnen en el poblado Espinazo, Nuevo León para buscar sanar sus enfermedades y conmemorar el nacimiento del curandero más conocido del norte de México: el Niño Fidencio.

José Fidencio Constantino Síntora nació en Irámuco, Guanajuato; y al quedar huérfano, tiempo después conoció al sobrino del párroco del pueblo, Enrique López de la Fuente, quien se convirtió en su amigo y, posteriormente su protector. Ambos niños ayudaban al sacerdote en los oficios religiosos y se piensa que con él, Fidencio aprendió a realizar curaciones con hierbas y elementos naturales. Nunca se desarrolló sexualmente, manteniendo también su voz de niño a lo largo de su vida.

Se cuenta que Fidencio era famoso por realizar operaciones utilizando trozos de vidrio, sin anestesia y suturaba con hilo de coser, todo sin causar dolor alguno en sus pacientes, y por realizar sus curaciones con lugares específicos del lugar, como un árbol de pirul desde el cual arrojaba frutas y objetos a los congregados a su alrededor, siendo curados quienes los recibían; un columpio donde subía a la gente con problemas para caminar, y un charco lodoso ubicado en las afueras del poblado, donde sumergía a los que padecían lepra.

Su fama se esparció tanto que hasta el mismo presidente de la República (Plutarco Elías Calles) acudió al curandero el 8 de febrero de 1928, ya que este supuestamente padecía un tipo de lepra nodular detrás de la cabeza. Se cuenta que lo sumergió en un tambo y le aplicó miel, retornando este sanado y agradecido.

Un 19 de octubre de 1938 a 40 años de edad, José Fidencio murió por causas naturales, sin embargo, muchos de sus creyentes lo atribuyen a las largas jornadas que pasaba curando y cuidando a los enfermos, creen que falleció de agotamiento.

Actualmente se puede visitar su santuario en Espinazo, donde aún prevalecen el árbol conocido como “el pirulín”, el mencionado columpio y el conocido “charquito”, donde aún hay creyentes que van a sumergirse. También ahí se encuentra su tumba a un costado de la iglesia fidencista, donde cientas de personas han dejado sus muletas como testimonio.

En este lugar se tiene contacto con las personas que poseen el “don”, quienes prestan su cuerpo para que el espíritu del Niño Fidencio cure los males de los dolientes, a ellos se les conoce como “cajitas” o “materias”. Quienes mediante rezos o limpias, van encontrando el mal de cada paciente.

Aún todo lo anterior mencionado, no es reconocido por la Iglesia Católica. Cosa que no detiene a sus creyentes de considerarlo como un Santo, profesando su fé a través de la iglesia fidencista.

Hay múltiples testimonios de gente que fue presuntamente sanada, sin embargo dentro de lo que es la ciencia médica, se indica que no se ha encontrado ningún elemento que pueda señalar su autenticidad. Muchas veces la fé de las personas en una figura que supuestamente tiene una conexión mística con algo superior, les permite sentirse mejor, o en su caso, aliviarse de alguna dolencia o enfermedad. Mucho tendría que ver la psicología.

 

Escrito por Paola Berzunza.


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