EL NIÑO FIDENCIO: ¿SANTO O MITO?
Cada
17 de octubre, cientos de peregrinos de todas partes del país, incluso de países
aledaños como Estados Unidos, se reúnen en el poblado Espinazo, Nuevo León para
buscar sanar sus enfermedades y conmemorar el nacimiento del curandero más
conocido del norte de México: el Niño Fidencio.
José
Fidencio Constantino Síntora nació en Irámuco, Guanajuato; y al quedar huérfano,
tiempo después conoció al sobrino del párroco del pueblo, Enrique López de la
Fuente, quien se convirtió en su amigo y, posteriormente su protector. Ambos
niños ayudaban al sacerdote en los oficios religiosos y se piensa que con él,
Fidencio aprendió a realizar curaciones con hierbas y elementos naturales.
Nunca se desarrolló sexualmente, manteniendo también su voz de niño a lo largo
de su vida.
Se
cuenta que Fidencio era famoso por realizar operaciones utilizando trozos de
vidrio, sin anestesia y suturaba con hilo de coser, todo sin causar dolor
alguno en sus pacientes, y por realizar sus curaciones con lugares específicos
del lugar, como un árbol de pirul desde el cual arrojaba frutas y objetos a los
congregados a su alrededor, siendo curados quienes los recibían; un columpio
donde subía a la gente con problemas para caminar, y un charco lodoso ubicado
en las afueras del poblado, donde sumergía a los que padecían lepra.
Su
fama se esparció tanto que hasta el mismo presidente de la República (Plutarco
Elías Calles) acudió al curandero el 8 de febrero de 1928, ya que este
supuestamente padecía un tipo de lepra nodular detrás de la cabeza. Se cuenta
que lo sumergió en un tambo y le aplicó miel, retornando este sanado y
agradecido.
Un
19 de octubre de 1938 a 40 años de edad, José Fidencio murió por causas
naturales, sin embargo, muchos de sus creyentes lo atribuyen a las largas
jornadas que pasaba curando y cuidando a los enfermos, creen que falleció de
agotamiento.
Actualmente
se puede visitar su santuario en Espinazo, donde aún prevalecen el árbol
conocido como “el pirulín”, el mencionado columpio y el conocido “charquito”,
donde aún hay creyentes que van a sumergirse. También ahí se encuentra su tumba
a un costado de la iglesia fidencista, donde cientas de personas han dejado sus
muletas como testimonio.
En
este lugar se tiene contacto con las personas que poseen el “don”, quienes
prestan su cuerpo para que el espíritu del Niño Fidencio cure los males de los
dolientes, a ellos se les conoce como “cajitas” o “materias”. Quienes mediante rezos
o limpias, van encontrando el mal de cada paciente.
Aún
todo lo anterior mencionado, no es reconocido por la Iglesia Católica. Cosa que
no detiene a sus creyentes de considerarlo como un Santo, profesando su fé a
través de la iglesia fidencista.
Hay
múltiples testimonios de gente que fue presuntamente sanada, sin embargo dentro
de lo que es la ciencia médica, se indica que no se ha encontrado ningún
elemento que pueda señalar su autenticidad. Muchas veces la fé de las personas
en una figura que supuestamente tiene una conexión mística con algo superior,
les permite sentirse mejor, o en su caso, aliviarse de alguna dolencia o
enfermedad. Mucho tendría que ver la psicología.
Escrito
por Paola Berzunza.
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