UN DÍA DE MUERTOS CON LIMBERTH
El día de muertos en mi familia se festeja de manera tradicional gracias a mis abuelos paternos, está celebración inicia desde mediados de octubre, ya que empiezan a planear todo lo que se hará. Porque nosotros hacemos los pibipollos tradicionales, o sea enterrados.
Se compra la leña, se traen los frijoles del huerto de mi tía que vive en un pueblito de Champotón, ya que les gusta hacerlo todo con productos cultivados por nosotros mismos. Llega 31 de octubre, ese día mi tía del pueblo baja a Campeche, ella trae las carnes porque tiene su ranchito, trae carne de cerdo, gallinas y pollos. De cierta forma sabemos que todo está criado de manera natural.
Ese 31 en la mañana inician las compras de las cosas que hicieron falta, vamos a la abastecedora de un tío que trae verduras desde México, allí compramos parte de lo que utilizaremos en la elaboración de los tradicionales pibipollos.
Ya se que estarán cansados de escuchar: "mi tía, mi tío", pero bueno, aún no acaban las menciones, por lo grande que es mi familia. Uno de mis primos que vive en Hampolol se encarga de traer la masa de maíz el día primero de noviembre. Una vez hechas todas las compras se reúne toda la familia en nuestra casa ya que tenemos un patio amplio y aquí mismo se entierra.
El día primero de noviembre, siendo aún de madrugada ya se escuchan ruidos en la cocina: cazuelas, platos, trastes...pero no porque espanten sino porque es mi madre y mi abuela haciendo el "col" y preparando las carnes para iniciar a hacer los pibipollos.
Al otro lado de la casa se escuchan otro tipo de ruidos, aún más fuertes como si de una construcción se tratara, en realidad somos todos los primos mayores empezando a excavar el hueco donde los pibipollos se van a enterrar. Los más pequeños se encargan de acarrear piedras y la leña para empezar a acomodarlo.
Ya pasado el tiempo, mi papá y mis tíos empiezan a desenterrar los pibipollos. Toda la familia se sienta a la mesa y se empieza a repartir todo, es muy lindo compartir con toda mi familia, ya que se nos olvidan los problemas y solo es diversión y recordar momentos inolvidables.
Terminando de comer, mi abuela da el permiso de agarrar algún dulce del altar -sin abusar-, pero en mi caso es difícil. Porqué no se que dulce escoger y no se si elegir un dulce de calabaza hecho por mi abuelita en la leña, o un dulce de papaya hecha por mi mamá o una deliciosa cocada hecha por mi tía de Champotón, o dulce de pan hecha por mi otra tía de Campeche, o algún fraile o pepitada y aunque hay dulces de otro tipo, realmente no son de mi preferencia.
Honestamente siempre termino escogiendo un mazapán traído de Hampolol con mucho sabor a pepita, ¡Exquisito!
Ponen música y empieza el "bailongo", yo me pongo a hacer relajo hasta que nos cae la noche. A algunos nos amanece contando anécdotas y otros se van a sus casas. Hasta que caigo rendido.
En fin... ¡Mi familia es muy unida y jamás cambiaría mi vida o mi tradición familiar!
Gracias por leer.
Una hermosa tradición, tu relato me fue llevando a imaginarme todo lo que la familia, hacía, es una tradición que debe vivirse así…en familia, somos afortunados de vivir estas experiencias tan gratificantes, llenas de amor, amistad y felicidad.
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